9/6/09

La vida explota

Las formas se transforman abruptamente. Nunca sabés cuando va a pasar.
La niña V ya me alcanzó en altura y si no me superó intelectualmente, lo hará en cualquier momento. El gringo del altiplano mira con sus enormes ojos celestes y sonríe al por mayor. Rulos, con sus 730 días al día, no para de pensar como cambiar el mundo. Hay cosas que están floreciendo. Otras, se acaban. Es el yin y el yan. La ley de la naturaleza. La vida que pasa y se acelera y no avisa ni pide permiso. Las cosas pasan igual que la vida. Y hay que atraparlas, exprimirlas, saborearlas, disfrutarlas. No perder el tiempo. No olvidárselo en alguna esquina. Estar atentos para el deleite, para el placer, para la alegría. La eterna alegría de regocijarse con todo. Con cada momento y cada situación. Estrujarlos sacando el mayor de los provechos. Pero sin alterarse, sin permitir que los nervios o el acelere, descarrilen nuestro camino. Nuestro horizonte. Pensar que en esa abrupta transformación viene la evolución, la diferencia, la sorpresa.
Y sin mayores alteraciones, dejar por un momento, que el viento te despeine el flequillo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los niños crecen.

Mary Fish dijo...

Nada se pierde, todo se transforma. Es trillado pero real...