23/10/09

Un chaparrón no es caída

Llovía. Llovía con una fuerza incalculable. De esas formas en las que el agua no te permiten ver más allá de unos cuantos metros. Yo miraba por mi ventana. El mundo estaba bañado y colapsado. Entonces comencé a seguir con la mirada a un hombre que caminaba por la vereda de enfrente de mi casa. Lo seguí atentamente unos cuantos minutos, porque caminaba bastante pausado; pausado y torpe. En realidad muy pausado si tenemos en cuenta cuánto estaba lloviendo. Llegó hasta la esquina y comenzó a cruzar sin mirar. Un auto blanco avanzaba por allí y su conductor le hizo luces, pero él siguió cruzando. Luego, le tocó bocina ya estando muy cerca. Yo me sobresalté y esgrimí un gemido acompañado de una respiración con murmullo que salió de mi boca. El transeúnte se detuvo repentinamente. Justo antes de pasar por delante del auto que no iba a llegar a frenar. Le pasó tan cerca que le salpicó los pantalones con el charco de agua sucia que se había formado en la bocacalle. En el mismo instante en el que se detuvo, se dio vuelta abruptamente y miró para arriba hacia mi ventana. Me miró casi a los ojos a pesar de la distancia. Me asusté y di un paso hacia atrás. Se quitó la capucha que llevaba puesta, me sonrió con agradecimiento y siguió camino. Entonces, avancé quedando casi pegada al vidrio y lo seguí mirando hasta perderlo de vista por la lluvia. No supe como sucedió, pero acababa de salvarle la vida a un desconocido.

5 comentarios:

De vierde man dijo...

Ves que bueno es irse a dormir con la conciencia en paz???

La otra de mí dijo...

siento escalofríos!

Mary Fish dijo...

Que flash!!!

Niño Errante dijo...

¿Cómo era, carpe diem? ¡Qué sé yo!
Cordialmente,
Yo.

Anónimo dijo...

que bien escrito. cuanto dice. lo mejor que leí esta noche.y leí mucho, y bueno, eh?